
Barack Hussein Obama se convirtió ayer en el primer presidente negro de los Estados Unidos tras jurar el cargo en las escaleras del Capitolio -la sede del Congreso federal- en Washington. La multitud emocionada y entusiasta, no dejó de aplaudirlo, consciente de vivir un episodio histórico en Estados Unidos.
Obama tiene el apoyo de muchos. Un pueblo que le aclama y que confía plenamente en un cambio, su mujer Michelle, sus dos hijas, Malia y Sasha, y muchísima gente en cualquier parte del mundo que ayer estuvo pendiente del juramento y que de una manera u otra lo celebraron. Y es que es sorprendente y bastante surrealista, pero os aseguro que durante la madrugada del 20 de noviembre, unos amigos y yo estábamos en una discoteca de Berlín y un chico australiano nos dijo que era la persona más feliz del mundo y que esa noche estaba celebrando la toma de possesión de Obama. Lo cierto es que en el momento me quedé a cuadros, aunque más tarde pensé en lo lejos que llegaba Obama.
Pero no nos desviemos. El 44 inquilino de la Casa Blanca prestó juramento sobre la misma Biblia que usó su predecesor Abraham Lincoln, un hecho bastante significativo y sobretodo un hecho que deja en evidencia la religiosidad de la comunidad americana. Realmente me pareció un tanto peliculero, será porque no estoy acostumbrada y yo esto solo lo veo en pelis. Además, no solo eso, no hay que olvidar la música de Aretha Franklin, que también cantó en los 60 para el reverendo King, y que, obviamente, hizo poner la piel de gallina a los 2 millones de personas que seguian en directo la ceremonia.
Como si de un festival de música se tratara, todos habían hecho las mil y una para ver a Obama o una de las 20 pantallas en las que saldria el presidente. No todos tubieron la misma suerte, y es que algunos guardaban posiciones desde primera hora por no perderse ni un detalle de la ceremonia.
Ahora sí, Obama había jurado, y ahora tenía que hacer el primer discurso como presidente. Habló directamente a los ciudadanos de los temas que realmente les preocupan. Des de la sanidad y el trabajo hasta Iraq y la economia. Un discurso optimista para una sociedad que ha visto un poco de luz en tiempos oscuros.
Ayer, todo el mundo quería estar en Washington, una ciudad que se paralizó por ser testigo del nombramiento de Obama como Presidente de los Estados Unidos de América.
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